sábado, 11 de abril de 2009

Mural 2009 Derechos Humanos: Vida y Dignidad

Sin vida, ¿Cual dignidad?

"Con los murales se pretende sensibilizar a la ciudadanía y llamar la atención, reflexionar y movilizar a la sociedad en torno al reconocimiento, respeto, exigibilidad, defensa y garantía de los derechos fundamentales, económicos, sociales, culturales, colectivos y del medio ambiente, a partir de un ejercicio creativo con la participación de las organizaciones de la sociedad civil y grupos de personas de la comunidad, frente al tema de los derechos humanos."


jueves, 12 de febrero de 2009

¿En que lio me he metido?

Esta no es la historia de Pablo Remalas

Ingresé al programa de Arte de la Universidad de los Andes en el primer período del 2004. El 50% de la matricula fue financiada por ICETEX Acces y el otro 50% por Fiducolombia, junto a un crédito condonable fijo de un millón trescientos mil pesos por semestre. No alcancé a cursar todas las materias en el tiempo programado de ocho semestres, me faltó Proyecto de grado; así que tuve que estudiar un semestre más para realizarlo. Ese semestre fue pagado en parte por el crédito con Fiducolombia y el resto en efectivo con un préstamo personal que buscó mi papá. Por desgracia también me faltaron dos niveles de inglés para cumplir el requisito de idioma extranjero. Así que no me quedaba más alternativa que pedir una extensión del crédito con Fiducolombia pues ICETEX solo cubría ocho semestres. Si me preguntan porqué no me puse pilas con inglés, debo ser sincero y decir que se me dificulta y llegué a perder un nivel que luego tuve que repetir, varios semestres me fue imposible inscribirlo en el horario pues se me cruzaba con las materias de Arte y en otras ocasiones tuve que retirarlo pues la carga académica era pesada. Finalizando mi proyecto de grado y con la esperanza de recibir una extensión del crédito para poder realizar los dos últimos niveles de inglés en el período de vacaciones y en el segundo semestre del 2008, me llegó el plan de cobros definitivo de Fiducolombia. En el momento de comenzar mis estudios me dijeron que tal cobro se haría efectivo solo hasta un año después de que terminara todas las materias del programa de Arte (año de gracia). Si suponemos que hubiese terminado las materias en el plazo estricto de ocho semestres y me hubiese graduado en marzo del 2008, el plan de cobros debería haberme llegado en marzo de 2009, y no en junio de 2008. Tras esta noticia y esperando que en cualquier momento ICETEX también comenzara el período de amortización del crédito, me vi forzado a buscar con urgencia un trabajo de tiempo completo para cubrir las cuotas mensuales de Fiducolombia por trescientos sesenta mil pesos. Luego de unas semanas sin encontrar ninguna vacante con una remuneración suficiente para cubrir tanto dinero, dirigí un derecho de reposición a la Oficina de Apoyo Financiero de la Universidad de los Andes solicitando que fuera respetado el período de un años de gracia, argumentando que esta había sido una de las principales características promocionadas por ellos y una condición muy importante tomada en cuenta por mí en el momento que decidí estudiar en los Andes. Su respuesta fue negativa, entonces presenté un recurso de apelación en la oficina de Cartera, allí por fin decidieron aplazar el cobro definitivo y mantener el crédito en época de estudios, explicitando que era un favor excepcional que me hacían. Sin posibilidad de matricularme para completar el requisito de inglés, ni de pagar clases en otra institución para presentar el TOEFL, tuve que aceptar trabajar en un cargo no calificado y por un salario mínimo, luego de dos meses la empresa fue liquidada y de nuevo sin ningún ingreso. En diciembre del año 2008 un amigo cercano al consejo estudiantil me informó que la universidad había abierto un espacio para recibir información de estudiantes en casos críticos con el fin de ayudarles, envié la información de mi situación en un formulario por Internet y esperé una respuesta. A mediados de diciembre la oficina de Apoyo Financiero me informó que debía tener listos unos documentos para una entrevista con ellos, en el momento en el que los tuve listos (a finales de diciembre) envié el correo informando de ello a Apoyo Financiero, y quedé a espera de una respuesta, pero ellos nunca me respondieron. Cometí el error de no insistir ya que confié en que tal oficina tendría todo en orden, el 16 de enero de 2009 volví a comunicarme e inmediatamente la oficina me respondió que ya era tarde y que por negligencia mía no había nada que se pudiera hacer en mi caso. Actualmente llevo ya más de seis meses buscando un trabajo, pero parece que mi perfil profesional no es atractivo en ningún lugar, antes de estudiar en los Andes había estudiado una carrera técnica en el SENA y había trabajado en un par de editoriales pequeñas. Ya que en arte es tan complicado tener un ingreso constante y alto como el que necesito, he intentado volver al medio del diseño editorial y cosas parecidas pero nada, así que mientras tanto estoy trabajando en una cadena de almacenes de nuevo por un salario mínimo legal vigente y en un horario de 2 pm a 11pm. Para trabajar allí tuve que omitir la información de mis estudios en los Andes, ya que anteriormente en varias ocasiones para cargos similares me rechazaron en entrevistas por mis estudios superiores.

martes, 30 de diciembre de 2008

AL BUEN TIEMPO…

Lo ideal para cualquier institución, pública o privada, es estar en un proceso de mejoramiento constante para alcanzar la excelencia. Cuando en estas hay algún problema o asunto negativo, las mismas se refieren a él en términos positivos y optimistas. Es usual que nuestra universidad se refiera a sus deficiencias con palabras como: aspectos en los que seguimos trabajando para alcanzar la excelencia. Esa forma de decir las cosas corresponde a una forma optimista de pensar, muy asociada con la ideología del progreso y del éxito que podemos observar en muchos ejemplos de la vida. El asesor de mi proyecto de grado bien me dijo que no le hablara a los jurados de lo que no me gusta, o de porqué no trabajo en tal cosa; eso puede prevenirlos. Es mejor hablarles de lo que me motiva que de lo que me desmotiva y en realidad tiene razón. Hay que pensar en positivo, no en negativo, y es que al pesimista y negativo no le va bien en la vida, eso es verdad.
Es mejor pensar que el vaso está medio lleno y no medio vacío. Las multinacionales nos muestran una imagen humana y cálida; siempre alimentándonos, refrescándonos, realizando nuestros sueños, siendo fuentes de trabajo y contribuyendo al desarrollo del país; aún cuando maten a sus líderes sindicales. Las empresas de servicios públicos prometen las mejores tarifas, el mejor servicio, la mejor atención a sus usuarios; sin embargo sigue siendo necesario llamar cien veces para ver si es posible que solucionen el problema en la facturación, el de intermitencia en el fluido de energía o en el servicio de banda ancha. Por supuesto que quien no hace más que quejarse, no aporta mucho para que los problemas se solucionen, hay que ser positivo y actuar.
Cuando se es entrevistado como aspirante a un cargo operativo menor en alguna empresa o industria —situación en la que estuve varias veces—, suele haber una sicóloga que está evaluando la personalidad antes que las competencias laborales. Si ella pregunta ¿porqué dejó el empleo anterior?, es obvio que no es conveniente responder cosas como: sinceramente no me gustaba lo que hacía, las condiciones laborales eran pésimas, o, siempre que el gerente se molestaba —y eso era casi todos los días— trataba a los empleados muy mal, no nos bajaba de hijueputas. Aún, cuando de hecho así haya sido, una respuesta de estas seguramente no va a generar una muy buena impresión al entrevistador. Es probable que piense que el aspirante al cargo es alguien negativo, problemático al trabajar en grupo o que no tiene una buena disposición para recibir órdenes. Tal vez resultaría mejor desviar nuestra atención del asunto que nos hizo dejar el trabajo y valorar un poco más otros asuntos, decir por ejemplo: conseguí las metas que me había propuesto —y mencionar alguna—, logré superar el reto que me planteaba dicho trabajo o quise ampliar mi horizonte para trabajar en algo de lo cual pudiese aprender cosas nuevas.
La revista Nota Uniandina es una publicación informativa de la Universidad de los Andes que circula tres veces al año. Contiene información sobre la Universidad, su dinámica interna y su interacción con el entorno. Por esto mismo incluye artículos y reportajes de muy diversos temas ——tecnología, ciencias, política, noticias, artes, sociedad, etcétera— que pueden interesar a cualquier miembro de la comunidad uniandina. También suele hacer mucho énfasis en mostrar todas las bondades de la universidad y a los estudiantes y egresados que han forjado un buen camino debido a su excelencia, por supuesto gracias a su paso por aquí. Nos muestra casos puntuales de gente exitosa en su vida profesional y familiar. De ochocientos graduandos en cada ceremonia, sobresalen cuatro o cinco que son galardonados con summa, magna o alguna de las distinciones que el resto —la mayoría— no consigue. También se destacan en la revista los egresados exitosos en el mundo profesional: presidentes, vicepresidentes, gerentes, representantes, directores, socios principales, PhD’s, investigadores en el exterior. Es un lugar común de la excelencia, del éxito, de la disciplina, del trabajo al servicio del país.
Sin embargo en ocasiones este lugar común da pie a sospechas. Es apenas comprensible que la historia que se muestra sea la de los buenos y los ganadores, los que superan a los demás —en lo positivo— y sobresalen, ya que el principal objetivo de esta institución es la calidad y más que eso, la excelencia, además todos los que pertenecemos a esta institución, somos por supuesto gente de bien. Pero es notable que detrás de esta buena intención de resaltar lo positivo para reforzar el modelo institucional, quedan a un lado otras partes de la historia, la historia de lo que no sobresale, de la no-excelencia, que lo queramos o no, es parte de la vida y de la institución misma. Resulta más sospechoso aún cuando se alcanza a ver cómo ciertas partes muy pequeñas de esa historia presentada, están algo acomodadas innecesariamente; ¿para qué arreglar algo que funciona bien?
Esta campaña de la excelencia, eventualmente se convierte en una forma de presión para obtener éxito profesional; haber pagado seis, siete, ocho, diez, o más millones por cada semestre en la universidad también puede llegar a ejercer alguna presión sobre cualquier Uniandino, promedio o no.
Ya que la identidad y la pertenencia son asuntos recurrentemente tratados en la universidad, tanto por artistas como por gente de otros campos, puede mirarse el miedo al fracaso como uno de los posibles rasgos de identidad del Uniandino. El miedo al fracaso, a no tener éxito profesional, a perder una inversión grande no tanto en tiempo como en dinero. Por lo menos en mi situación esta angustia existe. Un artista formado en los Andes que debe el dinero de la matrícula al ICETEX y Fiducolombia, que debe pagarlo en un futuro muy cercano. Cuando todo se reduce a ganar el dinero suficiente o ver embargada a la familia, el asunto más relevante no corresponde al cuestionamiento sobre el aporte de mi obra a la cultura, mi labor en la sociedad o mí ética profesional; tampoco a si soy excelente de acuerdo a la idea optimista de excelencia que venden todo un sistema y la universidad en donde decidí estudiar arte en un momento de optimismo algo desproporcionado y poco coherente con mi pesimismo natural. Cualquiera dirá que por el contrario, al concentrarme en ser excelente, conseguiré un muy buen trabajo por el que me paguen lo suficiente para terminar con mis problemas económicos; pero desde mi pesimismo la cosa no es tan de simple.
Un artista recién egresado que como yo, necesite una fuente de ingreso inmediata y constante, no está cerca de ser director, subdirector ni gerente, tampoco presidente ni socio mayoritario de nada. Podemos revisar la proporción de casos de artistas destacados en la revista por su éxito y no es muy alentadora. Lo usual en las reseñas para nuestro caso es la de la artista que es profesora en algún colegio bien, o el de quien está haciendo una maestría en otro país para luego volver a ser profesor en los Andes y la Tadeo. Y bien, se puede revisar de paso qué tan ligados van la excelencia con el éxito profesional en el campo del arte. El artista visto como excelente —exitoso— en el sistema, al menos a escala local, puede ser el artista-profesor convocado a pintar caballos, mariposas y árboles de metal que luego van a ser comprados por más instituciones. Tal vez la excelencia de la institución —del sistema— tiene problemas de compatibilidad con la excelencia del arte. La universidad cumple este año sesenta años de excelencia al servicio del país, sesenta años y decenas de miles de egresados, líderes comprometidos con el país. El país sin duda alguna debe estar muy bien, así como el mundo debe estarlo también si a los líderes de los Andes le sumamos los líderes de Harvard y las demás instituciones que buscan la excelencia.
Bueno, podría uno dedicarse entonces a profesor en un colegio bien, si es que se relacionó con gente bien, o adaptarse y luchar por obtener cabida dentro de otros campos comerciales como la publicidad o el diseño. También podría endeudarse insensatamente uno un poco más y apostarle a un negocio propio con algún amigo, dedicarse a la delincuencia común o al crimen organizado, huir y dejar a la familia encartada, o en última instancia y si el pesimismo es tan grande, hacer una masacre en la universidad al estilo “americano”. Lo que hay son posibilidades.

martes, 23 de diciembre de 2008

domingo, 21 de diciembre de 2008

sábado, 20 de diciembre de 2008